martes, 30 de agosto de 2011

Sexo, suburbios y cintas de colores (es 4 de Julio)

No existe auténtica revolución hasta que la clase media se apodera de ella. Las élites siempre fueron revolucionarias pero por propia definición su alcance es siempre limitado y contenible en un salón. Mientras que el lumpen vive (o mejor dicho vivía) en su propia y continua revuelta (de tripas).

Desde una óptica sexual, las clases más altas vivieron unas libertades vedadas a las clases medias que a su vez experimentaban unas restricciones que a su vez añoraban las demasiado promiscuas clases bajas. Así pues, entre el jeu de salon y las recomendaciones higiénicas, la inmensa clase media buscaba lugar para poder disfrutar de una libertad sexual estructurada y sancionada por las leyes. Una clase media que a su vez censuraba la inconsciencia moral de las alturas y el barro carnal del arroyo. Porque como me esfuerzo en decir sin demasiado éxito hasta ahora, todo, absolutamente todo, aun en direcciones opuestas, ocurre en las clases medias.

Los USA vivieron antes que ninguna otra economía el desarrollo de una clase media masiva y poderosa que decidió agolparse en los suburbios y generar un propio sistema de valores. Una extraña mezcla de liberalismo y puritanismo, energía, sensualidad, alegría, hipocresía y restricción que colmó de neurosis y paranoia una nación nacida sobre la idea de la oportunidad y la competencia (conceptos propios de la sociedad abierta que pretende evitarlas por principio). Una buena forma de observar todo esto nos lo ofrece la literatura suburbial americana: Cheever, Yates, Connell. Los tres hicieron literatura de suburbio. Cheever y su intento aproximado en casi todo (sintaxis e intenciones) para tratar de captar algo en esencia indefinible (la propia esencia de la vida americana de clase media). Sus frustraciones personales son las de sus personajes y buena parte de las mismas son de carácter sexual. En Yates se habla directamente de desesperación, sin concesión alguna a la alegría o el optimismo. Lo sexual como algo siempre incompleto, donde resulta imposible casar la realidad interior con su trasunto público (sobre todo en la mujer). Connell y su minimalismo de doble vertiente, o cómo hacer convivir viñetas de tira cómica padre-de-familia-pipa-en-boca-alecciona-a-sus-hijos-a-ser-buenos-ciudadanos-mediante-irónica-reconvención y sordidas páginas de incesto, infidelidad, racismo y homofobia.

Lo que parece claro es que durante años se produjo en los USA una distancia insalvable entre lo real y lo representado, con su inevitable consecuencia: la rebelión de las clases medias. Contaba Gay Talese en su investigación sobre el cambio de usos sexuales en los USA durante el SXX que dicho cambio no acabó siendo comandado por las élites intelectuales, ni siquiera por las autodenominadas bohemias, sino por la acción conjunta de, por un lado, una serie de pioneros más próximos al chalán de feria y el vendedor de crecepelos y, por otro, el empuje arrollador de la burguesía por disfrutar de auténtica libertad en materia sexual. Es el caso de Hugh Hefner y Playboy, los desconocidos editores de clásicos de la literatura erótica (como aquel que publicaba novelillas subidas de tono por autores tan improbables como Carmencita de las Lunas), o los primeros en abrir salones de masajes eróticos. Solo cuando la clase media decidió que tenía derecho dentro de su libertad a decidir qué era obsceno y qué no, el concepto moderno de sexualidad quedo establecido. Pensar que en cuestión de apenas 10 años la venta de revistas con desnudos pasó de ser delito a ser un uso social da una muestra clara del alcance del cambio y la rapidez del mismo.

No obstante, ese mismo alcance, en retrospectiva, puede verse como una claudicación si lo comparamos con los ambiciosos objetivos iniciales. Durante los 60 la idea de Revolución Sexual pretendió ir más allá y socavar la propia base de la organización social, desde la pareja a la familia, hasta al modo en el que los ciudadanos se organizan convicencialmente. En cierto modo se trataba de un ajuste de cuentas histórico con el suburbio y sus miserias. Las comunas se extendieron en algunos estados de los USA. No me refiero a las ya conocidas comunas hippies, de las cuales la mayoría no pasaban de ser un amontonamiento de jóvenes sin vocación de pervivencia, sino auténticos intentos de crear sociedades comunales basadas en el amor libre, la sexualidad desinhibida y la conculcación de los modelos sociales aprendidos dentro de una regulación y un orden que hicieran posible la convivencia. Un intento burgués, pues, de superar la neurosis de origen socio-sexual que acabó, como sabemos, fracasando.

Se tiende a achacar el comienzo de la involución en temas sexuales en los USA a la aparición del SIDA. Sin embargo el SIDA fue más bien un golpe de efecto (que dió ocasión a algunos de invocar el poder divino de castigo) que una auténtica causa. La razón fue más próxima al agotamiento de un modelo basado en la absoluta sinceridad. La anulación del engaño y la ocultación (en una comunidad nudista y libre sexualmente esto es imposible) convierte cada relación social en sexual y a su vez en oportunidad de psicoanálisis comunal. Así pues, se pasó de la dictadura de la hipocresía del suburbio a esa otra (mucho más exigente) de la verdad ante todo de la comuna. Como dijo una vez la nunca demasiado bien ponderada Ana Rosa Quintana: a finales de los 70-primeros 80 una se suponía que tenía que acostarse con el primero que te lo pedía para no ser una reprimida. Quien ocultaba su sexo era un traidor en potencia.

Hoy en día vivimos en el habitual estertor barroco de un proceso no demasiado claro. Rodeados de estímulos sexuales, presos de cierta orientación sexual de carácter feminista y en pleno desarrollo de una moral homoerótica general. El concepto judeo-cristiano de culpa respecto al sexo es utilizado como un reclamo más y las ideas de sexo comunitario tienen un único sentido homosexual y escasamente filosófico. Mientras, en los suburbios y sus equivalentes europeos, la hipocresía sexual ha desaparecido no tanto por causa de la revolución de las costumbres como por el debilitamiento de los lazos vecinales. Ya solo podremos escandalizarnos a nosotros mismos, porque no habrá nadie viéndonos (al menos nadie que conozcamos).

lunes, 11 de abril de 2011

Providence y el Chino

1. Una tortilla de alcachofas

Apenas termino de comer el pisto cuando me llaman de la oficina para firmar los pagos. De algún modo se nos ha pasado y decido sacrificarme y dejar a Stanley terminar su cena. Rafaé sale de la cocina con la tortilla de alcachofas. Me tengo que ir Rafaé. Pónmela en un bocadillo y que me la lleven los muchachos. Adios.

Un inmenso bocadillo de tortilla de alcachofas hecha con huevos escasamente cuajados. Pienso en la noche por venir y en los previsibles ataques de acidez dispépsica. Algo así como lo ocurrido este sábado.

2. Un chino en mi salón

Debajo está David Warner
Será la cena. Es el calor. La alergia. Me hago viejo. Mis nervios. El vino. La ausencia de vino. El ajetreo de todo el día. Es el ruido de los juerguistas. Es mi proverbial insomnio. Es sábado por la noche y no puedo dormir. Me levanto de la cama y en un arrebato me llevo con sigilo la almohada al salón y me tiro en el sofá. Tampoco puedo dormir. No puedo dormir. Y encima esos chinos a los que veo por la ventana, al otro lado del patio, poniéndose a arreglar las persianas a las 4 de la mañana. Pero no tengo patio ni ventana. Estoy durmiendo entonces. Y soñando. Y tengo frío. Me quiero levantar y no puedo. Hago un esfuerzo y despierto y voy a la cama y me tumbo junto a la Mona. Y despierto. Y estoy en el salón, sobre el sofá. Y al otro lado del patio los chinos han compuesto ya una persiana de tablillas de madera. Y hace frío. Y de repente uno de los chinos, un chino viejo, salta casi sin querer y entra en mi salón, por la ventana. Chino, no puedes meterte así en mi casa. Y asustado me levanto para decirle algo y entonces sí despierto. Finalmente. Y sigo sobre el sofá. Asustado y enfriado vuelvo al dormitorio y me acurruco junto a la Mona y lejos del chino.

3. Providence

Ese mediodía y sin generar demasiado interés a mi alrededor compro la película Providence en DVD. En uno de mis más celebrados versos se dice: La reinterpretación precisa de Providence, que viene a ser como reconocer que llegará el momento en el que queramos ser o no tengamos otro remedio que ser como Sir John Gielgud en su noche eterna de alcohol y dolor de tripas. Este dolor insoportable que me atraviesa las tripas y me llega hasta el culoooooo!!! Así dice el gran Gielgud entre copa y copa de Chablis mientras deja que sus sueños y sus insomnios se entrecrucen para crear una realidad novelada y paralela a la verdadera de su familia, donde los odios y enconos acumulados a lo largo de los años den lugar a nuevos roles en cada uno de los personajes (Bogarde, Warner, Burstyn...) o permitan la aparición de improbables secundarios: el futbolista que entrena vestido de futbolista en cualquier lugar o el hombre lobo anciano. Al final de la película se hará de día y un cansado (y aliviado Gielgud) recibirá a su famila real, encantadora y civilizada, en su mansión gótico-victoriana para comer y celebrar su cumpleaños, preanunciando (al menos yo lo veo así) una nueva noche de locura y muerte (a boire, a boire, se grita en la versión francesa), el paso lógico de la cordura a la creación.

Y todo esto como resultado de querer hacer una película sobre Lovecraft. Y echamos en falta esa película que nunca fue si bien también nos alegramos de que no fuera Resnais, siempre tan corto de talento, el que se dedicara a mezclar Providence y Arkham. Sí, algo más de desmadre en esta película de por si desmadrada se habría agradecido. Bogarde y el tándem Mercer-Warner (que ya hicieron monerías en Morgan, un caso clínico) lo merecían.

Decía Gielgud que esta era su única actuación cinematográfica al nivel de las teatrales. Y sobre él se debiera haber insistido y haber avanzado en el proceso de la creación como tal, sin perderse en las elementales referencias psicoanalítico-expresionistas que tanto le gustan a Resnais (siempre abusando del montaje y la música del chim-pón).

Aún así Providence acaba por ser una de las pocas películas que conciben de manera adulta el mundo de la literatura dentro del cine. La memoria y la ficción y la mentira como habitaciones intercambiables y fáciles de confundir. El sueño y la realidad. No es por tanto extraño esperar que un chino viejo salte a nuestro salón cualquiera de estas noches mientras dormimos o creemos dormir.

Chablis para dormir y soñar

viernes, 1 de abril de 2011

Un Sueño

Una semana de enfermedad y poemas que termina. El viernes por la tarde como momento de redención por tanto tiempo perdido. Entrar y salir de un supermercado sin echar un solo vistazo al frente, procurando ser intocado por la masa y su mirada borrega. La decadencia física, la certeza de la decadencia física, como tabú. No poder pronunciar dos simples palabras: estoy enfermo. Sobreponer el ánimo a las convenciones y a las propias convenciones del ánimo. Juguetear con monedas y buscar rapidamente mi gel de manos higienizante. Tocarse menos la nariz. Bastaría con hacernos de izquierdas y ser felices. Demasiado tiempo sin oir un silencio verdadero.


Heribert vs Freud

  [ UN SUEÑO ]

Sobrevolamos una ciudad oscurecida que llamamos Madrid
La reconoces sin demasiadas dudas y yo te sigo la corriente
Dios sabe dónde estaremos y quiénes están con nosotros
Unos asientos más allá creo ver a Heribert Barrera

Antes había visitado tu casa en condición de amigo leal
Me habías comentado que tenías dos pretendientes
Un ingeniero opositor con una tienda de medidas exactas
Y un inversor bien vestido que amenazaba con arruinar tu familia

Las mismas galerías, la gran terraza, el desorden de siempre
Habremos jugado (lo recuerdo, no sé cuándo) siendo más jóvenes
Como personajes de Bioy, en el cuarto de la plancha, pálidos
La certeza de pasteles siempre dispuestos en platos de cerámica

Pero ahora desde el cielo solo vemos un Madrid aterrador y oscuro
Como si algún desastre hubiese apagado cualquier luz
Tan solo se mantiene, ya a lo lejos, el intermitente resplandor de un luminoso
Hostal Goya. Hostal Goya. Hostal Goya

No me importa demasiado. Heribert Barrera nos habla en inglés
Y yo me siento al fin cercano a ti, sin distancias ni vergüenzas
No puedo recordar habernos besado pero sé que ha sucedido
This is the fact, dice Heribert torpe y bondadosamente

El sonido de coches y obligaciones acaba con todo: otro día
Es la luz de Barcelona en triste contraste
La nostalgia de un tiempo oscuro, enfermo, improbable

lunes, 28 de marzo de 2011

Dos Poemas



Dos poemas escritos este lunes. El visionado de El Espejo (Tarkovski) y la revisión de una carpeta con papeles de otro tiempo como inspiración nada disimulada.

    [ DOMINGO-LUNES ]

Imágenes sobre tierras húmedas y graneros que arden
No casan bien con aquella lejanía infantil
(competimos pisando margaritas)
Vestidos siempre iguales
Un tiempo de austeridad y migas

Los balones de caucho derrapando sobre el silencio
O los días de lluvia recluida y televisiva
Cuando la noche llega las puertas y ventanas se cierran
Y jugamos a ser la fortaleza que siempre creímos ser

Pero ahora la imagen de alguien cayendo a la húmeda hierba
Cambiando la perspectiva de todos estos años
Apenas ayuda a recuperar un simple pensamiento de entonces
Una consecuencia que pueda compartir con mis hermanos

Nos fuimos deteriorando
Como todos aquellos árboles que mi padre plantó
Disminuidos ante tanto viento y sequedad
Solo aquel que vivía del desagüe, de nuestra propia mierda
Creció por encima de las circunstancias y el tiempo

Y aquí, en esta ciudad de falsa luz
La primavera son cambios de hora y excursiones con amigos
(competimos haciendo tortillas de patatas)
Esperando la enfermedad siempre por llegar
Sin tiempo ni ganas para hablar de derrotas o dolores

Una vieja guirnalda cuelga del árbol junto a mi ventana
No recordaré muchas más cosas de estos años


     [  PAPELES VIEJOS ]


Durante cuánto tiempo repetiste la misma divisa?
“Ha llegado el momento de ser conocido en las calles”
Qué lejos de la auténtica inspiradora: Muy terrible todo
Entonces Apollinaire era como un hermano durmiente
En alguna edición barata y mal traducida

La juventud como una opción moral
Otro de los adagios que llevaron a ninguna parte
Salimos de allí como de todos los demás sitios
Inadvertidamente, en grupo, de manera educada

Revisar viejos papeles no ayuda
Un relato sobre el estadio de Morumbí
Algunas cartas enviadas a mi mismo y no respondidas
El esquema de un libro sobre los ingenieros aeroespaciales soviéticos
Y aforismos, muchos, aplicables tan solo al que suscribe

Ahora mi vida es una vida de reuniones y teleconferencias
Nunca imaginé un presente así
Donde defiendo de manera convincente propuestas disparatadas
Y expongo temas de los que no quiero saber demasiado

Y sé que no habrá nada más. Que este es mi presente continuo
Echar un vistazo a esta carpeta es un viaje al futuro no realizado
Al típico pasado de los chavales sevillanos del centro
Con sus inquietudes, sus limitaciones, su educación intachable
Su gusto por jugar a Machados y Cernudas
O Romeros Murube en primaveras floridas

Siempre nos queda la opción de quemar estos papeles viejos
Y ser, al fin, algo más libres y algo más estúpidos

viernes, 25 de marzo de 2011

Mis Cioranes


Supongo que los tiempos que me tocó vivir en mi Sevilla juvenil y pre-adulta (contando que no comencé a ser adulto hasta los 27 años) fueron tiempos reveladores, llenos de circunstancias que, vista la juventud con la que alterno laboralmente a diario, podría considerar como excepcionales. Éramos un grupo de amigos, conocidos, asimilados y saludados, que nos interesábamos por los libros, la filosofia, la música, el fútbol, la cerveza, el ron, la poesía, las mujeres malas, las buenas, la amistad, los viajes al extranjero, las estadías en el extranjero, los malos estudiantes, las señoras que venían de otros países, los amaneceres, las noches junto al río, los filósofos asistémicos como Cioran y las películas francesas. Hubo de todo, claro, incluso momentos de desesperación adolescente teniéndolos ya vestidos. Pero hasta en esos momentos siempre encontraba uno algún madero de dudoda consistencia al que agarrarse, y uno de esos maderos fue Cioran.
Dos transeuntes de la calle del Amor (Pérez Galdós), Pepe y Pedro Paranoia, debatiendo cada noche sobre el sentido de la vida. Y una sola respuesta: Cioran.
vaya careto
Yo, afeitado y mucho más delgado. Tengo poco dinero y he de sopesar con cuidado los libros que compro. Vuelvo a casa con la dorada edición de Tusquets de En las Cimas de la Desesperación. En la portada la pavorosa imagen de alguien realmente desperado. Daniel y yo lo leemos y coincidimos en que es uno de los libros más divertidos que conocemos. Cioran ayuda a vivir. Lo escribió en Rumanía, en rumano, es su primer libro y le empuja a ello el no poder dormir, el insomnio incontrolado y agotador que le lleva a ese límite en el que todo parece derrumbarse. Y a pesar de todo, allí está Cioran, con su invencible buen humor entre tanto pensamiento depresivo.
Acumulando cioranes y razones varias para salir por la ventana, Cioran nos muestra que es precisamente la idea del suicidio la principal aliada del hombre y su supervivencia. Sabemos que en cualquier momento podemos acabar con todo, y la simple idea de la muerte en momentos atribulados y desazonantes le deja a uno con la sensación de haber triunfado incluso sobre la desesperación. El suicidio como nuestro mejor amigo.
Cioran es joven e insomne. No puede dormir y da paseos interminables por las calles de Sibiu (soy incapaz de imaginarme la pinta de Rumanía en los años 30). Una tarde, desesperado y en casa, hablando con su madre le dice: no puedo soportarlo más! Y su madre, harta, trsite, cansada de verle así le contesta: Si lo hubiera sabido habría abortado! Y entonces se obra el milagro. Cioran siente un alivio inmediato al comprender lo accidental de su presencia en este mundo. Se quita un peso de encima y ve la vida de un color diferente.
Del inconveniente de haber nacido, Silogismos de la Amargura, Breviario de Podredumbre... Nadie puede discutirle a Cioran su habilidad para los nombres. Ni su instinto de supervivencia. Durante 10 años vivirá de una beca para hacer una tesis que abandonó a los pocos meses (en su lugar se dedicó a viajar por Francia en bicicleta, lo que le ayudó a dormir mejor). Hasta los 40 años estuvo matriculado en la Sorbonne para poder comer en el comedor de estudiantes. Y a pesar de todo ello, rechazó todos los premios concedidos (dineros incluidos). Cioran en bicicleta hablando con los campesinos. También hizo cicloturismo por España, su país preferido.
Junto a Ionesco y Eliade forma la trinidad intelectual rumana del siglo XX. Puede que fuera mejor amigo de Ionesco, a quien veía con frecuencia en París, y también se le consideró amigo de Eliade, a quien ya conoció en sus tiempos rumanos. Sin embargo, oyendo a Cioran uno piensa que no fueron tan amigos, y que una corriente de rencores subterfugios les fue carcomiendo durante los años. A medida que morían salían a la luz cartas, artículos, declaraciones de alguno de ellos denunciando, criticando o simplemente menospreciando a alguno de los otros. Curioso que Ionesco y Cioran hablaran en francés entre ellos. Cioran, cercano a la cuarentena, abandona su lengua materna mientras traduce al rumano a Mallarmé. Se pregunta: pero para qué traduzco yo algo al rumano si el rumano lo hablan 4 gatos y a nadie en el mundo le importa? Decide entonces escribir en francés. Y descubre que es escribiendo en otra lengua el mejor modo de anteponer el estilo a la pasión, al arrebato. Ninguna literatura ha antepuesto tanto el estilo como la francesa. El francés le da claridez expositiva a Cioran y le permite o le empuja casi al aforismo a la forma breve y a cierto estilo entre desdeñoso e irónico. De En las cimas de la Desperación a Breviario de Podredumbre hay una gran distancia. Aunque yo me quedo con las cimas rumanas.
Durante más de 50 años Cioran vivió con la misma mujer. Simone Boue, una profesora de instituto. Vivieron en un minúsculo apartamento en el barrio Latino. De manera austera, haciendo turismo en bicicleta, aceptando las invitaciones a cócteles literarios para beber gratis. A veces juego a ser Cioran, pero me dura poco. Sobre todo cuando llego cada mañana a la oficina y entro en este mundo donde todo es importante, donde todo tiene un sentido y donde existen valores facilmente registrables en un folleto desplegable.

viernes, 18 de marzo de 2011

Poemas de Viernes

Primero un poema ya clásico de EE Cummings en el que el hombre es la flor y la mujer asume un papel más activo de lo normal en la poesía amorosa. Woody Allen hizo que el gran Michael Caine intentara conquistar a una dubitativa Barbara Hershey en Hanna y sus Hermanas usando este poema. En especial la última estrofa.

somewhere i have never travelled


somewhere i have never travelled, gladly beyond
any experience, your eyes have their silence:
in your most frail gesture are things which enclose me,
or which i cannot touch because they are too near

your slightest look easily will unclose me
though i have closed myself as fingers,
you open always petal by petal myself as Spring opens
(touching skilfully, misteriously) her first rose

or if your wish be to close me, i and
my life will shut very beautifully, suddenly,
as when the heart of this flower imagines
the snow carefully everywhere descending;

nothing we are to perceive in this world equals
the power of your intense fragility: whose texture
compels me with the colour of its countries,
rendering death and forever with each breathing

(i do not know what it is about you that closes
and opens; only something in me understands
the voice of your eyes is deeper than all roses)
nobody, not even the rain, has such small hands
Y ahora uno de mi propia cosecha para que aprecieis la diferencia entre un poeta y un poeto, que es lo que yo soy.
 
[ ABASTOS ]
 
Un bar que sirve tostadas con sabor a pescado crudo
En el mismo pasillo de los encurtidos
Aceitunas que nadie compra, maduran y comienzan a hablar
En el puesto de El Canalla, El Canalla
Rodeado de mujeres anhelantes de su entrecejo y su cicatriz
 
Las salchichas de pollo tienen el mismo color que las manos de la pollera
Impecable blanco en su bata redondeada
Es la mujer más guapa del mundo?
No piensa lo mismo un maricón viejo mientras sirve donuts a los niños
Directamente de sus uñas negras
En un diminuto cubículo dos señoras que parecen una hablan como tres
El sobrino de la TV que no se acuerda de ellas
Lo puta que es la pollera
Y lo maricón que es el maricón
 
Cuando ya nos marchamos me señalas una escena que no comprendes
Una señora vuelca una cesta llena de fruta en la propia frutería
Es mi madre, te digo sin entusiasmo
Cuando dijo buenos días sin respuesta
Y respondió a su vez y a su manera
 
Fuera de la plaza brilla el sol más allá de las moreras y las viviendas sindicales
Los sueños se hacen así: con mucha mentira y buen tiempo
En realidad siempre llovió
Siempre tuvimos frío
Y nunca dejamos de ser niños

lunes, 7 de marzo de 2011

Apuntando (a una primavera por venir)

Leo el ABC en la mañana del sábado. Poca cosa en el ABC Cultural y dos artículos reseñables: la siempre excelente columna de Rosa Belmonte y un artículo sobre las mejores patatas fritas del mercado. Ya en la noche del domingo me entero por casualidad que esta ha sido la noticia más visitada en ABC.es

No hay entrega de los diarios de Piglia en Babelia. Que yo sepa la última fue el 12 de Febrero. Siempre comentó que lo mejor que ha podido escribir está en esos diarios. Que son inmensos. Imposibles de mesurar. Echo un vistazo a lo publicado el 12 y, una vez más, tengo que darle la razón. Son mucho mejores que Blanco Nocturno. En una entrevista para Letras Libres, Piglia dice que en un principio Blanco Nocturno comenzaría con Renzi en su habitación, solo, releyendo sus diarios y entablando conversación con su vecina algo desequilibrada. La idea de traer la historia a la ciudad, de poner a Renzi en el centro de todo, de los diarios, de huir de la facilidad que supone oponer campo a ciudad. Todo lo que en un principio estaba previsto y luego, para mal, se desechó.

Vemos Todos eran mis Hijos de Arthur Miller en el Principal de Zaragoza. Pienso en actuar como rendir un examen cada noche. Manuela Velasco comienza llena de energía y gracia y versatilidad, pero en cierto momento se descentra, pierde su sitio en el escenario, comienza a dudar y se hunde progresivamente hasta llega ra soltar alguna lágrima en el momento de los aplausos y los saludos al público. Me hace pensar en mi mismo en mi época de estudiante. Cuando fui capaz de arruinar algún que otro examen por culpa de esa mezcla de relajación, confianza, miedo y estúpidez que solía entrarme justo cuando todo estaba más a mi favor. Quizá por eso hoy haya vuelto a soñar con esas extrañas asignaturas que aún mantengo pendientes y soy incapaz de aprobar.
Encuentro, gracias a la limpieza interminable de estos días, unas fotos que ya no recordaba. Ahí estoy yo, junto a Natalia, Iván, David. viendo la final de la champions (la del gol de Zidane) o la final de Copa (la que ganó el Depor en el Bernabeu), no recuerdo bien, vestido del Betis, con unas gafas de sol, extremadamente delgado. La gente me comenta que estoy mucho mejor ahora. Y es verdad. Mi cara, la forma de mi cara, ha cambiado. Soy más guapo y tengo una expresión más segura. Mi aspecto, en general, es más consolidado, y no genero dudas a mi alrededor acerca de un posible desmembramiento inmediato. Y, sin embargo, en otras cosas sigo siendo el mismo. Leo un email de la época y descubro la misma inconsistencia puntuando y los mismos temas de siempre. El mismo sujeto en un piso más amplio y mejor decorado.

Dedico el viernes noche a ver Origen (Inception). 20 minutos menos de tiros y peleas y 20 más dedicados a hablar, conversar o simplemente estar juntos en una habitación y hubiéramos pasado de un divertimento a una buena película.

La política como el arte del agotamiento. Ahora y siempre. Resulta que Catón terminaba todos sus discursos con la misma frase: Delenda est Cartago. Imagino el cansancio de los opositores, y de sus propios compañeros, por la dichosa coletilla que en su momento pudo tener gracia pero al final era como una de esas frases que los cómicos usan para ser recordados y todos acabamos odiando con el paso del tiempo. Delenda est Cartago. Mi teoría es que los romanos decidieron finalmente arrasar Cartago (cuando ya no era ni necesario) solo para que Catón se callara de una vez. Podemos ver el típico desfile de la victoria atravesando el Foro, la muchedumbre exaltada, la fanfarria de turno, los esclavos caminando encadenados y cabizbajos, y entre el público retirándose con cara de pocos amigos, a Catón cabreado por no tener nada más qué decir. Delenda est Catón.